martes, 22 de julio de 2008

El Artillero -Vida Eterna-

Cada mañana comienzo a vivir.
Parece que perdi la cuenta, hace ya tiempo, de mis pasos.
Estoy cansado del camino. Ya todo me sabe igual, todo me huele igual, a nada...
Pocas veces me sorprendo de nada; pero al huir, encontré un sitio donde ni el cielo ni el infierno me podrían encontrar jamás: Dover.
Acantilados blancos que arañan el suelo de Albión.
Acantilados donde se suicidan las almas olvidadas
Acantilados sin ninguna malicia, acantilados preciosos.

No sé cómo llegue a parar allí,
alquile a un conde o un duque de Albión una pequeña cala,
una calita en la que pague por una cabaña, donde veria acabar mis dias.
No sé cómo llegue hasta la cala de alba. Nombre con el que bautizé el lugar.

Debí haberme quedado muerto en aquella trinchera de la podrida guerra de Europa.
El viejo continente devía de morirse tras la guerra, en aquella paz negra y maldita que habría de envenenar la tierra, el cielo y los mares parasiempre.
No me importaba la agonía de occidente. No me quedaba compasión en mi pecho para apiedarme de ese continente que nos habia mandado a todos a una muerte segura, y lo que es peor, a una vida inhumana.

Debí haber muerto en ese campo de batalla cuando quedandome ocho balas en la recámara, me avalancé contra el numeroso enemigo.
Un ataque de locura y cólera que me llevo a saltar de la trinchera, y correr por el campo de batalla hacia una muerte segura.
Ocho balas en la recámara, ocho enemigos al frente.
Una muerte segura, ojos cerrados y apretados los dientes.

Disparé a diestro y siniestro, se agotaron las ocho balas pero no acerté a nadie.
El enemigo me cogió del brazo, y me empujó a su trinchera. Caí en aquel foso, entre barro ydolor.
EL enemigo salto a mis pies , me cogió fuerte de la cabeza y me susurró al oido que la guerra habia acabado. Me imperó que corriera a decírselo a mi superior; que era el único que no se habia enterado de que la guerra se había acabado.

NO había ningun superior, yo era el único que quedaba. Un simple artillero sin artillería, un bala perdida que no se habia enterado de que la guerra terminó hace dos días, con la retirada y rendicción del ejercito que me contrató.
APenas unas horas antes habia visto cómo un compañero se moría de asco en mis manos. La paz llegó tarde, la paz llegó tarde...

Yo tambiém llegue tarde a mi paraiso terrenal. Y tambien estaba envenenado como aquella paz.
ME limitaría a esperar a que los labios se me tiñieran de negro azabache y me ahogara frente al ocaso de Dover. Aquel sería el final; aquel podia ser el final.

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