Soy artillero. Mercenario raso de artilleria:
Ni patria ni banderas ni pollas.......Solo poseo una quimera que desconozco. No sé si libertad o amor o fé....
Me he pateado el mundo de guerra en guerra: Bailando con sus gentes, bailando en horizontal con algunas, tomando más de mil licores ( De entre todos me quedo con el ron ), probando sus comidas.
Es curiosos cómo sabe una comida sabiendo que esa tarde te pueden volar la cabeza de un disparo, o arrancarte un miembro con una granada...
Me acabo de acordar de Granada. !Que bella ciudad!, !que bellas mujeres!, !que buenas comidas!
Recuerdo unas historia que me sucedió en Granada, en el Generalife:
"Ya cantan los gallos, amor mío vete." Me decía Fátima, en su cuarto.
"Ya cantan los gallos , vete vida mia, no tardes, no esperes, no descubra el dia los nuestros placeres, ya cantan los gallos..."
Pensaba y soñaba que el agua ensimismada y el horizonte , es fuego intocado, que el marmol fue aire alguna vez , que el oro lloraba, que el cristal tenia mi voz, y movia sus vestidos al viento y sus memorias y sus rios- ya parasiempre-.
Fátima tenia un pequeño huerto detrás de su cuarto, en el Generalife. Donde plantaba en secreto unas plantas que luego cortaba, secaba y fumába.
Fumábamos los dos en su cuarto del Generalife. Y en ese sitio mágico se me escurria de las manos nuestras vidas, y se perdía de entre los tejados cuando cantababan los gallos...
EL humo dulce se me metia por los sesos, y sus labios y sus pechos y sus besos...
El humo dulce como almívar me aletargaba. Opio, flor de la pereza y de la mágia.
Podía ver entre el humo batallas en las que estuve, guerras que perdímos los dos a la vez.
Las guerras del opio no eran nunca lo suficiente como para separarme de Fátima, de su alma y de su coño.
"Si tu me miras, me quemas" le decía yo siempre cuando me tenia que ir.
Cogía mi ropa, la besaba y me escapaba por la ventana.
Siempre que saltaba por la ventana, saltaba de mi pecho un trozo de mi corazón.
La última vez que salté de esa ventana, ya no quedaba nada de mí en mi pecho, ya no tenía sangre, solo humo, solo humo que empañaría el recuerdo de la única mujer a la que amé y sigo amando.
La última vez que salté de la ventana, ya no quedaba nada de mí en mi pecho, porque todo mi ser se quedo en su pecho ensangrentado, mientras se retorcia en un charco de sangre y se le escapaba el alma de la boca...
La última vez que salte por la ventana fue la última en la que me dolió matar a alguien.
La última vez que salté por la ventana, ya nunca llegue a tocar el suelo con mis pies.
Parasiempre, parasiempre...
viernes, 4 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
jajaja, queria alejar al artillero del amor, pero teniendo en centa que es un personaje vacio a rellenar por nosotros en todos los sentidos de la vida, tal vez fuere conveniente meter de por medio ese sentimiento, maravillosamente expresado, dicho sea de paso
feliz cumpleaños, compañero
sigo!!
Publicar un comentario